¿Te has preguntado como debe ser nacer?

Imagina que te encuentras en una gran piscina, sumergida@ en sus aguas tranquilas. Flotas libremente y el líquido que te envuelve acaricia tu delicada piel. La temperatura es perfecta, y la oscuridad a tu alrededor es prácticamente total, sin luz que perturbe tu paz, aunque en algunos instantes puedes atisbar como todo se torna un poco más claro, pero eso sí, muy levemente.

 

Te preocuparías por respirar o comer, si no fuera porque algún ser superior que desconoces (aun sintiendo a cada segundo su presencia a tu alrededor), ya se ha ocupado de eso, y te suministra tanto el oxígeno como la comida a través de algún mágico mecanismo que no entiendes pero te hace sentir seguro. Tu solo flotas, creces, y de lo demás ya se encargan…

 

Ese mismo ser que te alimenta y abastece, hace que te balancees dentro de esa gran piscina estimulando tus sentidos, y puedes escuchar a diario, casi constantemente, una voz que te calma, que adoras, y un bombeo constante y placentero que nunca cesa, y que algún día entenderás, es el corazón de la diosa que te amó y cuidó desde incluso antes de que existieras.

 

A veces, cuando tu diosa deja de mecerte en el líquido, cuando todo para, tú te extrañas, y te mueves con más énfasis, cambias de posición y danzas en la más hermosa coreografía que se hizo jamás, tratando de llamar la atención de ella, queriendo tocarla, tocándote a ti mism@, experimentando y probando sensaciones nuevas cada día, eres tan feliz…

 

De un tiempo a esta parte, el espacio que te rodea ha disminuido, no entiendes si las paredes de la piscina se han acercado, tú has crecido… o quizás ambas.  Pero hay menos líquido, tus movimientos son más leves, y ahora encuentras placer en el abrazo de  esas paredes elásticas de tu maravillosa piscina perfecta. Aunque a veces aprieta y notas agradables abrazos que se van repitiendo de forma irregular, a ratos si, a ratos no, envolviendo tu cuerpo suave y constantemente.

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Un día, esos abrazos agradables y cortos, comienzan a aumentar en frecuencia e intensidad, tú no entiendes muy bien que ocurre, pero llega un momento en que toda esa paz de tu mundo parece derrumbarse. Los abrazos te presionan, dirías que te empujan desde la parte inferior de tu cuerpo hacia la superior, dirigiéndote hacia un punto concreto. Y ahora, parece que esto no cesa, ya no son abrazos, son contracciones que te llevan hacia un mundo desconocido. Todo tiembla a tu alrededor. ¿Te habrá abandonado tu diosa? No puede ser…

 

En un punto concreto de las paredes elásticas de tu piscina, parece abrirse un pequeño hueco que antes no existía, y a cada contracción se hace poco a poco más amplio y tú, te acercas un poco más a ese hueco. Aunque en un primer momento te resistes a moverte de tu casa, del único hogar que has conocido, la presión es tal que decides dejarte llevar y fluir hacia esa pequeña abertura, incluso intentas ayudar. La abertura que observas en el cuello del útero que comienza a dilatarse.

 

Cada vez las contracciones te resultan más intensas, más duras,  aunque entre una y otra se produce un espacio, un descanso, una tregua que te permite recobrar el aliento y recuperarte para la próxima. Además notas que el alimento y el oxígeno te sigue llegando, y que ahora junto a ellos puedes percibir una extraña sustancia que te ayuda a calmarte y a disminuir el estrés del momento, son las endorfinas, y vuelves a comprobar que tu diosa sigue ahí, cuidándote en este momento también.  ¡No te ha abandonado!

 

Cuando descubres que la apertura por la que estás intentando salir para escapar de ese espacio que te aprisiona se ha hecho casi lo suficientemente grande para que puedas hacerlo, de repente te encuentras con una estructura maciza en forma de ovalo,que es estrecha y a través de la que no puedes salir tan fácilmente. Parece que esto se complica. Y en algún momento de toda esta locura, el líquido que te envolvía sale hacia afuera a través de esta abertura, abandonando en parte el recipiente que lo contenía, se ha roto la bolsa del líquido que te albergaba.

 

El hueco de la estructura ovalada se encuentra frente a ti, y no puedes pasar por él a no ser que gires tu cabeza 90 grados para adaptarla al espacio que es mayor de lado a lado, y además debes pegar tu barbilla al pecho porque así te resulta más sencillo. Mientras desde tus pies y tus glúteos siguen empujándote, y tú, te decides a meterte en el hueco hacia el mundo desconocido, girando la cabeza y pegando tu barbilla al pecho. El espacio es asfixiante, aunque de repente descubres que a tu alrededor tu diosa te ayuda, moviéndote las paredes del estrecho hueco y facilitándote algo la salida.

 

En un momento dado sientes que así no puedes avanzar más, y a tu alrededor todo te indica que debes volver a girar la cabeza, porque de nuevo el hueco se hace más largo de atrás hacia delante, y más estrecho de lado a lado. Y tú así lo haces,  giras la cabeza y el cuerpo hasta que te resulta algo más sencillo avanzar, ayudado por los movimientos de tu alrededor y las contracciones con sus respectivos descansos. Así, poco a poco, llegas a chocar contra algo que ya no es macizo, es blando y elástico, y notas como a cada contracción se abre lenta y constantemente, dejándote espacio, y liberando muy poco a poco tu coronilla, que cada vez se abre más hueco.

 

Cada vez que desde los pies te empujan avanzas para luego retroceder ligeramente, pero sabes que poco a poco la pared elástica va dejando más hueco para que tu cabeza pase, desde la coronilla. Y ahí tú ya necesitas separar la barbilla del pecho y llevar la cabeza hacia atrás, siguiendo la curvatura de las paredes que te envuelven, hasta que de repente, notas como lentamente la pared elástica deja hueco a tu cabeza y esta sale a un mundo desconocido, con otra temperatura, con sonidos más fuertes, y luces incómodas. Todo esto te resulta extraño y lo temes, pero sabes que aún no has conseguido salir completamente.

 

De nuevo, tus hombros, que aún siguen en el lugar de donde vienes, necesitan girarse para adaptarse al espacio más grande que va de atrás hacia delante, y tu rotas para que estos puedan salir, y que así termine todo esto. Lo hacen en la siguiente contracción. Y con miedo, sin saber donde estás llegas al mundo del frío y lo desconocido…¿Qué pasará?

 

De repente, notas que unos brazos te acogen, que un pecho te acuna, y que una voz te habla…

 

¡ES ELLA!¡TU DIOSA!!

 

Puedes oir la voz que siempre te acompañó, el latido del corazón que bombeó y bombeará siempre para ti, oler su perfume del extasis y notar el calor de su piel contra la tuya, puedes sentirte de nuevo vital, segur@, ¡sabías que no te abandonaría!  Y casi sin darte cuenta, buscas en ella el alimento que te ha preparado, no tienes prisa, ya nada importa, porque sabes que mientas ella esté contigo todo irá bien, tú la necesitas, pero ella siempre, siempre, estará ahí, a tu lado.

 

Bienvenid@ al mundo.