Sobre la Oxitocina, esa gran desconocida.

Resulta cuanto menos curioso el hecho de que cuando le preguntamos a alguien qué es la oxitocina, lo más común es que te respondan con un: “la oxitocina es eso que te ponen durante el parto para regular las contracciones”. Esta respuesta por supuesto tiene  variantes, “ es el gotero para que no se pare el parto”, “el suero que acelera el parto”, y otros ejemplos varios.

 

Con suerte esta será la respuesta de alguien que no trabaje en el ámbito sanitario, cosa que es comprensible porque no es su deber saberlo. Pero estoy seguro de que si le preguntamos a más de un profesional sanitario, entre los que incluyo aquellos que nos dedicamos al ámbito de la obstetricia y maternidad, más de un@ y de dos, nos explicarían que la oxitocina la utilizamos durante el parto para regular las contracciones.

 

Sin ser una respuesta falsa, podemos sacar varias conclusiones de ella:

  • Siempre que nos referimos a la oxitocina, lo hacemos para ubicarla en el momento del parto, olvidando que abarca mucho más y sus funciones son variadas.
  • Está tan extendido su uso por administración externa, que la primera respuesta que suscita en nosotros es recordarla como “eso” que utilizamos para ese momento, y que además, podemos controlar desde fuera.
  • Como consecuencia de todo esto, resulta ser una gran desconocida, ya que olvidamos muchas veces su gran potencial y nuestra propia capacidad de producirla.

 

Ante todos ustedes, me gustaría presentar una hormona que nos acompaña toda la vida y de la que yo estoy enamorado: la Oxitocina.

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También llamada la hormona del amor, esta hormona se produce en una pequeña parte del cerebro llamada Hipotálamo, y transportadas a la hipófisis posterior (unida al hipotálamo), para ser liberada a la sangre o transmitida a través de las vías nerviosas cuando sea necesario.

 

Las funciones de esta hormona son variadas, sobre todo se la conoce por su efecto durante el parto, y durante la lactancia por ser la que se encarga de la salida de la leche producida al exterior.

 

Además de esto, tiene funciones muy relacionadas con el placer, con la calma, con las relaciones sociales, la vinculación emocional, la satisfacción, el almacenamiento de nutrientes, y el crecimiento y cicatrización.

 

Y algo muy importante, la producción y liberación de esta hormona está totalmente influida por nuestras emociones y nuestro estado en un momento dado.

La oxitocina se libera en estados de calma y seguridad, nos hace menos temerosos, mas sociables y nos vincula mejor con los demás. En caso de situaciones de estrés, miedos, y en aquellas ocasiones que instintivamente son de “lucha y huida”, se activan otra serie de hormonas y se deja de producir oxitocina y ,por ejemplo, endorfinas, otras hormonas que nos hacen sentirnos mejor y alivian el dolor.

 

Durante el parto, si se sigue el proceso de una forma fisiológica y normal (recordando que no nos encontramos ante ninguna enfermedad o patología)  y si no le ponemos trabas desde fuera, si empatizamos con la mujer, le hacemos sentir segura ofreciéndole apoyo,  y ella es consciente de su cuerpo y cree en su capacidad de parir, se activará nuestro cerebro instintivo y nuestro sistema parasimpático, esta hormona se producirá de forma natural, y a su vez las endorfinas.

 

La cantidad será la que cada parto, cada mujer y cada bebé necesite, las contracciones serán las adecuadas, el ritmo el preciso,  y esto influirá en la percepción del proceso por parte de la mujer, en su evolución natural, y en la vinculación con su bebé.

 

Y si hiciera falta (que a veces ocurre) la administración de la Oxitocina por vía externa, se puede infundir a través de una bomba, controlando el ritmo y diluida en suero. Pero recordemos que después de miles y miles de años de evolución, hemos llegado hasta aquí lo mejor de lo mejor, la mayoría de las mujeres están capacitadas para parir por sí mismas, y disfrutando de las ventajas de una sociedad con una higiene elevada, bien nutrida, y un sistema sanitario excelente si es necesario actuar ante alguna complicación.

 

Los miedos, las dudas, la falta de información, la falta de movilidad y de elección durante el parto,  y en definitiva todo lo emocional, afecta sobremanera a nuestra producción de Oxitocina durante el parto, o la Lactancia.

 

Que a una mujer de parto que debe amoldarse a un sitio extraño, se le reste movilidad, no se adecue el entorno y no se empatice con ella dándole el apoyo que necesita, y se le administre oxitocina externa , es algo parecido a malnutrir a un adolescente, mantenerlo inmóvil el máximo tiempo posible, y administrarle hormona de crecimiento.  No tiene sentido.

 

Cada vez son más los profesionales y centros sanitarios en los que se cuidan estos detalles, más matronas las que luchamos por conseguir una atención más humana, porque sabemos que en el cuerpo, las emociones y la química están tremendamente relacionadas, y todo esto, como la Oxitocina, influye en nuestra vida en general, y en el momento del parto en particular.