El mejor regalo del mundo

Llega la época de los regalos, de la ilusión de los reyes o papá Noel, sí; y con ella la vorágine consumista de una sociedad que casi todo lo enfoca a tener. En estas fechas navideñas, unos padres gastarán dinero y energía en conseguir muchos de los regalos que sus hij@s han imaginado, solicitado y que esperan. Otros padres menos afortunados, con otras condiciones sociales, quizás en la lucha diaria de conseguir los alimentos necesarios para vivir y pagar el techo bajo el que dormir, sin poder aspirar a otras pretensiones,  tendrán que explicar a sus hijos que este año los reyes o papá Noel no pueden traerles todo lo que se merecerían, porque hay muchos niños, porque la crisis también afecta a estos, porque, porque porque… da igual. Algunos no tendrán excusa y sentirán que no hicieron todo lo que pudieron o que la vida no es igual de justa para todos. Es evidente que a casi tod@s nos gustan estas fechas y que la ilusión por los regalos la hemos tenido y es mágica. Pero, ¿Es realmente tan importante?

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Sea cual sea el caso, estos últimos años han salido varios anuncios y vídeos mostrando que para muchos niños los regalos son importantes, pero hay otras cosas que lo son más. A todos se nos ha saltado la lagrimita al verlos, y dejando de lado que la finalidad de estos vídeos sea vender, nos quedamos con el mensaje.

 

Por si sirve de algo, yo voy a hablar de mi propia experiencia personal en cuanto a los regalos. Como un ejercicio de auto-ayuda, para que quede constancia si algún día lo necesito. Ahora, que en breve seré padre, intentaré leer esto si algún día me siento mal por no comprarle a mi hija todo lo que se suponer debería tener.

 

Creo que nunca lo he contado, pero mi mejor regalo de cumpleaños costó muy poco. Estaba hecho de papel, de tinta azul, y sobre todo de sentimientos. Tengo 28 años que en breve serán 29. En este tiempo habrá recibido multitud de regalos, unos más ingeniosos, ostros menos. Unos más caros, otros no tanto. Muchos me harían ilusión, y los que no, al menos lo parecería; nunca fui capaz de poner mala cara a un regalo, me gusta apreciar el detalle, la intención es lo que debe premiarse, se acierte o se falle.

 

Además, ¿Qué más da? Solo son regalos.

 

Pero si echo la vista atrás, apenas consigo recordar alguno de todos estos regalos levemente. Recuerdo las fiestas, los momentos, la compañía, el objeto se olvida.

 

Sin embargo hay uno que llevo guardado conmigo, muy dentro de mí. Ese regalo me lo hizo mi padre,  y él no sabe que para mí fue tan importante. Es una de las muchas cosas que nunca le he dicho, como que siempre he estado orgulloso de él, o que es el mejor ejemplo que podría tener, por ser capaz de cambiar, de adaptarse a los tiempos, por remar entre tormentas silenciosas, siempre a flote.

 

Pero volvamos al regalo. Recuerdo que llegó de trabajar toda la noche, en uno de esos trabajos mal remunerados y peor valorados que tuvo no por una necesidad económica real, pero queriendo ofrecer a su familia lo mejor. Ahí estaba, se aferraba a un clavo ardiendo. Cuando llegó por la mañana, yo cumplía creo, 18 años. El me entregó dos o tres hojas arrancadas de una libreta con cuadrícula, en la que podían apreciarse unas palabras de caligrafía desordenada  con tinta azul. Esas palabras eran para mí.

 

Él siempre había escrito, pero nunca fue una persona que reflejar sus sentimientos, ni poético, más bien números, historia…otro estilo. Yo siempre he sido de leer, sobre todo, acerca de sentimientos, poesía, letras de canciones, etc. Y puedo asegurar que aquellas hojas con letra desordenada contenían prosa con la poesía más hermosa que nunca he leído, porque estaba escrita solo para mí. No podría repetir que decían, no recuerdo las palabras exactas, pero la emoción la guardaré para siempre, hasta que me vaya.

 

Recuerdo una frase “unas lágrimas caen por mis mejillas al recordar que hace 18 años naciste…) y me basta. No hay mayor amor que el de unos padres hacia sus hijos.

 

Mucho tiempo he lamentado haber perdido aquellas hojas, pero al final he comprendido que tenía 18 años, mi cabeza estaba en otras cosas, y a decir verdad, ni siquiera importa. No importa porque llevo aquel regalo en mi pecho desde entonces y eso no se puede perder. Tuve el mejor regalo de la historia, el amor de mi padre.

 

Hoy en día, que los niños tienen los cajones y la casa minada de juguetes, tablets y trastos, tengo clara una cosa, al final todo se pierde, se rompe, pasa de moda o se olvida, pero lo que queda contigo es aquello que has vivido junto a alguien, los sentimientos que te ofrezcan, el tiempo dedicado.

 

En breve nacerá mi hija, no sé como lo haré, si seré buen o mal padre. Quizás tenga tantos regalos y juguetes en cada cumpleaños como otros niños, pero lo que sí tengo claro es que intentaré con todo mi corazón que sepa que eso no es lo importante, y que sea consciente de cuanto la quiero. Será difícil en un mundo materialista donde el motor es el dinero, y todo nos lleva a consumir y producir, a la competitividad del tener por encima del ser. Pero quiero que sepa valorar una sonrisa, la ilusión, lo bello y todo aquello que nos rodea que no cuesta dinero.

 

Le quiero regalar lo más importante que tengo, mi tiempo, mis emociones, mi amor. Porque no caduca, no se recupera, y perdura para siempre en el alma de quien los recibe.

 

Ya nunca encontraré la carta de mi padre, pero la leí, se guardó en un rinconcito de mi corazón y su emoción irá conmigo a cada paso que dé, hasta el último de mis días.

 

Yo, tuve el mejor regalo del mundo.

2 comentarios en “El mejor regalo del mundo

  • Hijo, tengo el defecto de ser impulsivo para las emociones. Debe ser por tenerlas. Una persona debe valorarse, no por su físico, no por su estatus, no por su economía, ni siquiera por cultura. Su valía, tampoco es por su capacidad de rectificación de aquello mejorable de si mismo. El valor de un ser humano, está en la posibilidad de evolución, de evocar en otros emociones buenas, benéficas. Yo, cuando te vi la primera vez, sabia que ese era mi destino. Y que narices lo he hecho. Algún día me iré satisfecho

  • Tu padre este año ha recibido el mejor regalo de los que recibirá este año.
    Tenemos mucha suerte con nuestros hijos. Son diferentes, pero inmejorables.
    Años atrás vosotros aprendíais de vuestros padres, ahora nosotros aprendemos de vosotros.
    Es de gran satisfacción para tu madre que sepas apreciar lo importante de la vida, el cariño, el amor, en definitiva los sentimientos y las acciones

    positivas hacia el prójimo, es más importante y duradera que recibir regalos materiales.
    GRACIAS POR ENTENDERLO Y VERLO DE ESTA MANERA.
    Hay muchas personas que entiende que te quieren más si el regalo es más caro. El cariño lo traducen como una transacción económica.

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