Cosas que descubres la primera semana como madre/padre

Tener una bebé en casa está siendo la experiencia más emocionante y maravillosa de mi vida. Es nuestra primera hija, y aunque por supuesto te condiciona en muchos sentidos, yo no lo cambiaría por nada del mundo. No obstante me gustaría compartir algunos de los descubrimientos que se hacen esta primera semana de vida de un bebé, en tono de humor, porque estoy seguro de que a más de una/uno le ha pasado o le pasará lo mismo.

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  1. Tus hijos han llegado al mundo para llevarte la contraria.

Efectivamente, cuando cuentas que se portan muy bien y que apenas llora, llorará delante de todo el mundo sin parar, cuando digas que suele llorar bastante, se marcará un espacio de tres horas sin ningún tipo de llanto. Pero eso pasa ya desde el embarazo, tú prefieres que nazca un día y nace otro, te preparas para el parto perfecto y se coloca de nalgas. Si quieres tenerlo todo el rato en brazos le encantará la cuna, si no querías acostumbrarlo la cuna parecerá que tiene pinchos. En fin. Toca aceptar que tú eres tú, y que esa criatura es un ser independiente que hará su vida, y te tocará apoyar y guiar con amor incondicional, aceptando que no son lo que tú quieras que sean, y eso es lo realmente hermoso.

 

  1. Tienen un radar incorporado.

Este es un gran misterio sobre el que los científicos de todo el mundo deberían investigar concienzudamente. Los bebés no saber valerse por sí mismos, no hablan y no fijan la mirada, pero nacen con un infalible radar incorporado aúno no se sabe dónde. ¿Qué detecta ese radar? Detecta el momento en el que decides intentar acercarte a tu pareja para dedicaros unos segundos, unos mimos, una ducha juntos o cualquier otra cosa que no incluya a esa criatura recién nacida. Da igual que se pase el día durmiendo a pierna suelta, que entre toma y toma haya un espacio de tres horas, porque cuando te atrevas a acercarte más de la cuenta a tu pareja, ese ser que parece no enterarse de nada activará su radar y comenzará a llorar para recordarte que no. Que ahora lo importante es ella/él.

 

  1. Son capaces de cagar más de lo que podías imaginar.

Perdón por lo escatológico de este descubrimiento, pero es que es algo totalmente increíble. Cuando ves a un recién nacido, cuando observas a esa criaturita indefensa y hermosa, ese ángel caído del cielo,  inocente, lo último que imaginas es que pueda convertirse en una máquina de fabricar mierda (perdón otra vez). Y cúanta mierda… es otra cosa que los científicos deberían investigar, yo he estudiado anatomía y no conozco ningún órgano que en el tamaño de un bebé tenga espacio real para lo que después te encuentras en el pañal. Quizás la ciencia descubra algún día que en el interior de un bebé hay agujeros negros donde las heces se acumulan y aparecen en el momento más inoportuno para llenar  a esa hermosa criatura desde las piernas hasta las cejas. Y aun así, los amas con locura, te ríes, los cambias, y te parece algo hermoso. ¡Cómo es esto de la evolución y el vínculo, que obstáculos imposibles salva para garantizar la supervivencia de nuestras queridas criaturitas!

 

  1. Vas a pasarte el resto de tu vida preocupándote por ellos.

Cuando no eres padre y ves a otros padres que se preocupan por sus hijos, la ma-yoría de las veces por gilipolleces que no tienen importancia ninguna, o que puedes considerar normales, piensas: “que gente más exagerada, parece que los únicos que tuvieran hijos son ellos”.

Pero cuando te toca a ti…¡Ay, pobre iluso…! ¡Cuando te toca a ti es aún peor! La realidad te estampa una torta en la cara y te dice, toma, para gilipollas, tú.

Y es que efectivamente, para ti, cualquier pequeña cosa que ocurra y de la que no estés informado, o que se salga mínimamente de la normalidad, es una posible super-enfermedad. Y es que, tus hijos son tus hijos, y eso significa ni más ni menos que se han convertido en las personas que más vas a querer en tu vida, que quieres protegerlos, que estén sanos y felices, y lo normal es que todo vaya genial y sin complicaciones pero también es normal que en los padres se desarrolle el instinto de protección que permitan a esos bebés inmaduros e indefensos permanecer sanos y llegar a ser adultos de provecho. Al final entiendes que eso va a ser así toda la vida, y que una vez que has decidido ser padre, vas a preocuparte por ellos. Si, o sí.

 

  1. Todo el mundo sabe sobre tus hijos más que tú.

Si no tienes hijos aún no lo sabes , pero desde el momento del embarazo aparece una especie de decreto ley que permite a cualquier persona opinar sobre tu embarazo, tocar tu barriga, preguntarte cualquier cosa, contarte todas las historias terribles que ha escuchado, y cuando nacen, entiendes que eso se multiplica. Hay muchas excepciones, pero te sorprendes cuando hasta la vecina mayor que no tiene hijos (si, la del perro chiquitín que ladra), quiere coger al bebé, tocarlo, y sabe lo que está bien y lo que está mal, cuanto hay que cogerlo y cuanto no, si llora mucho es por tal o cual motivo, y los remedios que tú por supuesto no conoces. Esto no sería malo si no fuera tanta gente y tantas opiniones diferentes, y si no te encontraras con ellas sin haberlas buscado, sin haber preguntado. Pero de nuevo, aprendes que tienes que relativizar, y o bien cortar por lo sano, o poner tu mejor sonrisa y permitir que toda esa información no solicitada, en caso de no interesarte, entre por un oído y salga por el otro.

 

  1. ¿Los planes? Son los padres.

Exacto, como los reyes magos. Piensas que tú sí vas a poder organizarte bien, que tú si lograras llegar a tiempo a los sitios, que podrás seguir haciendo tu vida igual que antes y ser una madre o un padre excelente a la vez. Pero eso no existe. El bebé tiene hambre a todas horas, cuando vas a hacer algo decide cagarse de forma indescriptible, las visitas aparecen en cualquier momento. El espacio-tiempo parece doblegarse, alargarse o acortarse en cualquier momento y el reloj se ha vuelto loco.  En definitiva, aprendes que a partir de ahora la prioridad es esa criaturita que ha llegado al mundo, y que este mundo va a tener que esperar en más de una ocasión a que esa criaturita te permita organizarte.

 

¿Y sabes qué? Todo esto es maravilloso, porque amas con locura a ese bebé recién nacido. Porque cuando observas su rostro dormido comprendes que la mayor aventura de tu vida solo acaba de comenzar, que el resto de tu existencia, tu proyecto más importante está frente a ti.

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